sábado, 18 de abril de 2009

MI EMBARAZO


Hace ya así como unos 3 años comencé a plantearme la posibilidad de ser madre. Mi marido y yo estábamos convencidos de querer formar una familia. Pero las cosas llegan cuando llegan y no hay más. Por más que uno luche contra su propio destino… las cosas surgen en su justo momento… MAKTUB.
Después de superar una terrible crisis de migrañas con un fortísimo tratamiento, durante dos años, ya había llegado el momento de ser madre. A pesar de ser una defensora a ultranza de lo natural en todo lo relativo a la maternidad, esta vez quería hacer las cosas desde la serenidad, desde la seguridad de que todo saldría bien partiendo de la base de que yo me encontraba bien. Pero las analíticas diagnosticaron una hiperplasia endocervical de nivel II. La posibilidad de una intervención que dejara mi útero incapaz de dar cobijo a un nuevo ser empezó a entristecerme en exceso, se convirtió en una sombra que enturbiaba mis días pero sobre todo mis noches. Traté de que mi entorno no notase como la tristeza y el miedo estaba minando mi vida. Pero mi compañero nunca fue ajeno a este estado anímico y mental. Un día me desperté y todo parecía haber sido una simple pesadilla. Todo fue rápido y limpio, la cosas no era para tanto, pero como dicen mis allegados, los médicos siempre se ponen en lo peor. Una simple electrocoagulación y al par de meses ya estaba embarazada.
El 28 de Mayo del 2008, con tan solo 4 días de retraso yo ya sospechaba mi embarazo, mi pecho había cambiado y algo en mi interior me decía que estaba llena de vida. Gracias a Loli, una compañera de danza oriental me decidí a hacerme la prueba, sin decírselo siquiera a mi compañero. Y el color rosa de ambas rayitas era aplastante. No pude hacer otra cosa que agarrarme el vientre con fuerza y mirando me al espejo grite: “Tengo un bebe dentro de mi”. En menos de 2 horas ya todo mi entorno conocía la buena nueva.
Todo iba bien, todo era normal, las nauseas empezaron pronto, pero a mi me alegraban, porque era señal de que todo iba bien… ¡Las madres somos a veces tan ilógicas! Pero el 2 de Julio un dolor fuerte me tenía asustada y bien entrada la tarde empecé a manchar, el pánico me invadía, no podía aceptar que algo saliese mal. La ginecóloga de urgencias con un tono plano me confirma que podría ser un pequeño desprendimiento de la placenta, pero que es algo normal en un embarazo gemelar. ¡GEMELAR! Y entonces me puse a llorar y a desvariar. No decía nada lógico, solo decía tonterías mientras mi compañero me acariciaba y me besaba.
El resto del embarazo fue complicado, a las 13 semanas una amenaza de aborto, las placentas estaban bajas y debía guardar reposo hasta los 5 meses… Finalmente el reposo se prolongó hasta la semana 33… y los bebes nacieron la semana 39. Pero el amor que sentía por esos corazoncitos me hicieron luchar por sacar aquel embarazo adelante. Fue un estado mental sostenido durante 7 meses. Si pensaba que todo salía bien… todo saldría bien. Y así pasaba las horas, dibujando mentalmente una barriga enorme, contemplando en un calendario imaginario el mes de enero, pues me negaba a que mis hijos nacieran antes de los 8 meses, me negaba a que pasarán por la incubadora. Y así fue. El 27 de Enero llegaron al mundo, a las 9 faltas y un día. Con poco menos de 3 kilos cada uno.
Sólo eso hizo que los 4 meses durmiendo en un sofá, los ahogos, los dolores, las contracciones durante 3 meses… mereciesen la pena. Ellos eran unos auténticos luchadores, se habían agarrado a la vida.

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