sábado, 18 de abril de 2009

PARTO DE NADIM Y SARA



Nadim y Sara llegaron al mundo el 27 de Enero del 2009 después de casi nueve meses de embarazo. El día de su llegada yo estaba muy angustiada, me temía que algo no iba bien, sabía que me encontraba mal y tras discutir con los médicos… tan sólo diez minutos después el jefe de planta avergonzado por su arrogante error, me enviaba al medico residente para comunicarme que me bajaban inmediatamente a inducirme el parto ya que estaba perdiendo proteína por la orina… bonita manera de suavizar la situación, una pre eclampsia que no fueron capaces de diagnosticar en 5 días de hospitalización…

No me lo podía creer, había echado a la abuela del hospital, papá venía en camino, pero la abuela aun no había salido del recinto y subió corriendo en cuanto la llamé.

Me bajaron a monitores pero no me dio ni tiempo a tumbarme sobre la cama que ya tan bien conocía después de tantos días ingresada, tantas visitas a urgencias… Me había convertido en una experta en monitores. Una de las enfermeras vino a decirme con una amplia sonrisa “guapa prepárate que te llevan a paritorio”. Después de dos ingresos ya me conocía casi todo el personal del materno infantil. Apareció Manolo, el celador, un señor mayor muy agradable, “por fin vamos a verle la cara a los mellizos”. Yo tenía una sensación tan extraña que no la puedo describir, no se porqué aun en el paritorio, hablando con la matrona, no tenía la idea del parto en mi mente. Recuerdo que hacía mucho frío allí, tanto que tiritaba, pero ahora no se muy bien si era el frío o los nervios lo que provocaban los temblores.
Enseguida me encontré llena de monitores, pegados en mi barriga. Las contracciones empezaron poco a poco a pesar de que la oxitocina hacía ya su efecto, pero mi útero se negaba a dilatar. Olga, la matrona, decidió romper la bolsa de Nadim para ver si acelerábamos el proceso. Sacó una aguja larga y tras un segundo sentí un líquido caliente resbalando por mis piernas. En ese instante me dio pena pensar en que mis niños abandonarían ese lugar que durante 39 semanas los había protegido. Me entristecía pensar que tal vez sentían miedo porque estaban viviendo cosas que jamás habían sentido antes.
Mis bebés estaban ese día especialmente inquietos, así que Nadim decidió jugar al escondite y no dejar que la matrona lo encontrara con el monitor, de modo que al poco tiempo tuvieron que ponerle un monitor en su cabecita, por dentro de mi cuerpo. Empecé a obsesionarme en el ritmo de los latidos de sus corazoncitos, la obsesión llegó a tal punto que Olga le dio la vuelta al monitor, pero eso no me tranquilizó nada de nada. A las cuatro horas de estar allí, seguía sin dilatar, para colmo las contracciones se volvieron insoportables, yo no sabía ni que eso podía ser una contracción, porque era un dolor sostenido durante cinco minutos, y yo no me quería quejar sólo podía tumbarme de lado y retorcerme un poquito, porque no quería hacerles daño a mis bebes ni asustarlos con gritos. En seguida me vi rodeada por personal medico, tenía allí frente a mi a Ricardo, mi ginecólogo, Elena, una ginecóloga excelente, Igor, un residente, Olga y otra enfermera de la que ya no recuerdo el nombre. Yo parecía una idiota, no sabía lo que ocurría, sólo escuche a Ricardo decir “dejadla que se recupere y le ponemos otro propex”, pero a esas alturas Elena con los dedos dentro de mi útero comentaba que seguía sin dilatar.

De repente Olga y la enfermera me empezaron a poner una sonda sin darme más explicaciones, Ya empecé a ver que aquello no iba a salir como yo quería, y por fin me informaron, bajaba para quirófano, el corazoncito de Nadim no aguantaba la oxitocina. Empecé a llorar compulsivamente, ¿y si mi niño no era capaz de soportarlo? Además, no me lo podía creer después de un embarazo traumático, me iba a perder la experiencia de dar a luz. Tanta preparación para nada. Tanta ilusión para nada. Mis hijos serian arrancados de mis entrañas en unos instantes, no sabrían porque unas manos frías los sacaban de ese entorno tan calentito para dejarlos solitos durante horas hasta que yo me recuperara. ¿Y si había alguna complicación?

Que miedo cuando me despedía de mi madre, yo quería que me acompañase a quirófano, aunque sabía de sobra que era imposible.

Una vez ya en la camilla iba viendo los pasillos llenos de fotos de bebes, solo quería pensar que en menos de una hora le vería las caras a mis niñitos, pero los miedos me asaltaban una y otra vez.

Me tranquilizo ver que en quirófano estaban Igor y Ricardo, pero de repente la anestesista empezó a gritarme, “¡Donde están las pruebas de la anestesia; ahora yo que puedo hacer!” Los médicos se gritaban unos a otros y mientras me subían a la camilla logre balbucear: “No me calientes más, llevo un día horrible, llevo un mes pidiendo en alto riesgo que me hagan la pre anestesia”. Finalmente me pusieron una dosis mínima de raqui. La anestesista fue la persona más desagradable que me encontré el día del parto. Hablaba a gritos, “Para hacer los niños hay que desnudarse y para sacarlos también” me decía mientras me arrancaba la ropa, para mejorar el ambiente recordándome que estaba muyyyyyyyyyy gorda… tal vez pensó que no tenia espejos para mirarme, tal vez creía que llamarme gorda mientras me clavaba una aguja entre vértebra y vértebra me relajaría, así que me tuvo que pinchar unas doce veces hasta que por fin me pude relajar.

Es horrible verte atada a una camilla mientras te rajan la tripa, y escuchas: “hay que abrir ya, pero ya, vamos que se nos va, abrid más, así no puedo sacarlo, rápido” Pensé que no podría soportar más, me dolía fuerte el pecho, un dolor agudo, que me llegaba hasta la cabeza… pero de repente sentí un llanto insolente y a las 20.44 h vi un cuerpecito diminuto con una gran mata de pelo. No me lo acercaron, se lo llevaban sin dejarme verlo. Empecé a gritar como una loca, las maquinas pitaban sin parar, mientras me ponían más vías veía salir a Sara, que en menos de un minuto ya estaba en el mundo. El dolor que sentía ya no importaba, la matrona me traía a mi hijo, fue solo segundos, solo podía decirle entre lagrimas “Nadim soy mamá, te quiero mucho”. Justo después me trajeron a Sara “Soy mami, te he tenido dentro de mi tripa, te quiero cosita”. Unos temblores fuertes me recorrieron, hasta convertirse en convulsiones, dos enfermeros me sujetaban contra la camilla. Me inyectaron algo y todo pasó. Sólo quería salir de allí.

Me cerraron y me sacaron de quirófano, mi familia y mis amigas estaban allí fuera. Todos me decían que eran muy guapos, pero yo a esas alturas no quería escuchar a nadie, sólo pensaba en mis pobres bebes, solitos en el nido, sin saber porque mami los había abandonado a su suerte… Sólo quería llorar y llorar, pero tenia que guardar fuerzas, quería recuperarme pronto para estar con mis niñitos.

Una vez en la sala de reanimación empecé a relajarme, sólo pensaba que ya quedaba menos, las enfermeras que estaban allí estaban muy enfadadas porque su turno ya había terminado y nadie había venido a sustituirlas, así que no me trataron nada bien, me hablaba con malos modos, me estrujaban la barriga una y otra vez sin explicarme porque me torturaban de aquella manera. Tenía un dolor muy intenso por dentro y por fuera, pedía una y otra vez calmantes, pero de nada servía, menos mal que las enfermeras del turno siguiente no tardaron mucho en llegar. Me pusieron un calmante rápidamente y dejaron por fin pasar a mi familia. Yo sólo quería ver a Rachid, quería que me dijera que nuestros hijos eran preciosos… en esos momentos no se razona muy bien…

A las tres de la madrugada por fin subí a planta con mi marido y mi hermana, me trajeron a mis niñitos, yo no quería soltarlos. Me los puse al pecho y lloré. Me hubiese gustado estar a solas con ellos, pero pensé que su papá tenía derecho a compartir este momento único.

En ese instante comprendí que mi vida ya no me pertenecía, por primera vez tuve miedo a la muerte, dos seres diminutos dependían de mi, mi vida estaba entre sus chiquitines y diminutos dedos arrugados… Entonces los abracé y les susurré al oído “soy mami, os he tenido dentro de mi tripa, os he cuidado y amado tanto…”

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